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Sistema Integral Americano Anticorrupción Francisco Nieto Guerrero 1.- Mecanismo Americano para la medición de la corrupción 2.- Oficina Americana anticorrupción. Sinopsis
Se trata de diseñar conjuntamente, someter, acompañar el proceso de adopción y darle vida a un Sistema Integral Americano Anticorrupción (SIACORR), que constaría de: Un Mecanismo Americano para la Medición de la Corrupción (MAMCORR), y una Oficina Americana Anticorrupción (OFANCORR). El MAMCORR serviría de soporte técnico a los Estados para la medición científica de sus niveles de corrupción y la OFIANCORR fungiría de asesora de los Estados partes, para el diseño, evaluación y ejecución de políticas anticorrupción. Con este mecanismo SIANCORR se pretende coadyuvar al apuntalamiento de la democracia un tanto desprestigiada en la región por los constantes señalamiento de falta de transparencia administrativa, de falta de voluntad política y poca colaboración intrarregional en el combate y represión de las prácticas corruptas, sentimiento este que se ha exacerbado en la conciencia popular debido a las constantes ofertas políticas anticorrupción que no se traducen en resultados tangibles. En fin se trata de perfilar una herramienta hemisférica anticorrupción bastante perfeccionadas, que permitan a los Estados sincronizar y mancomunar políticas y esfuerzos, nacionales y hemisféricos, contra la corrupción, permitiendo la posibilidad de encontrar desarrollos ulteriores. Podria asumirse también como una clara respuesta conjunta y organizada que alejaría cualquier intento de posibles certificaciones unilaterales en materia de corrupción, porque establecería un claro marco de acción preestablecido y claramente definido, que evitaría cualquier malentendido derivado de posibles intervenciones en asuntos internos de otros Estados. I.- Resumen Ante todo es importante recalcar dos características fundamentales de esta propuesta, que la hace novedosa, diferente y aplicable: De una parte, porque el principio rector de todo cuanto se propone crear, respeta los atributos estatales en su sentido más amplio, con normas muy claras y recisas que lo hacen ajeno a cualquier imposición. Es así como SIACORR, funcionalmente asesoraría, acompañaría o realizaría cualquier actividad anticorrupción, siempre a solicitud del (o los) Estado (s) y extraño a cualquier propensión que signifique menoscabo de la voluntad de las partes. Por otro lado, porque el procedimiento sometido a consideración desecha cualquier idea de comparación entre los Estados, tan común hoy en día en amteria de corrupción. En claro se trata de un instrumento práctico, con desarrollos nacionales específicos, que posibilitaría objetivas, generales y particulares, que en cualquier forma inciden en la corrupción estatal (MANCORR) con el fin de utilizar esa información, para diseñar, coordinar y priorizar los esfuerzos, alternativas, políticas nacionales y la cooperación internacional anticorrupción, dándole cabida equilibradamente a las herramientas científicas y la experiencia, respetando siempre la voluntad estatal (OFANCORR). II.-Antecedentes y justificación Uno de los grandes temas de fricción regional es el de las certificaciones internacionales en asuntos particularmente sensibles para los Estados. Estamos hablando de cuestiones de enorme trascendencia como la certificación en materia de narcotráfico, las "invitaciones" o veedurías internacionales a procesos comiciales y lo que ya comienza ha ser una realidad preocupante la relacionada con la testificación de la disposición gubernamental anti-corrupción. Ya en gran medida, el sistema instituido por Transparencia Internacional, denominado "índices de percepción sobre la corrupción" siendo un elemento con méritos pioneros indudables, ha avanzado alarmantes signos de rechazos gubernamentales, que se han traducido en el cierre de muchas puertas nacionales a esta iniciativa. Para abrirlas, se hace imperativo crear una atmósfera de distensión, que comience por hacer sentir a todos los Estados, partes muy importantes en la elaboración de un proyecto, que como éste, acarreará compromisos de indeclinable cumplimiento, en algo tan sensible, oscuro e íntimo como es la corrupción y para ello es imprescindible contar con claras reglas preestablecidas que impida distorsiones perniciosas o compromisos que sencillamente los Estados no están dispuestos a cumplir. Éste proyecto es tanto más pertinente y oportuno cuanto que se desarrollan en el Continente varios esquemas de integración que conllevan una creciente interacción económica, donde los actores locales tratarán de preservar sus intereses obligando a sus respectivos gobiernos a tomar medidas unilaterales contra falencias o distorsiones de sus futuros socios. Cabe recordar, por solo mencionar uno, la posible entrada en vigor del ALCA. En este caso, la creencia generalizada de una América subyugada por la corrupción, seguramente se traducirá en una enorme presion de los diferentes "Lobby", en el Capitolio, por cuestiones como las prácticas corruptas. Entonces, el momento está próximo para que unilateralmente se imponga la "necesidad" de establecer algún índice maracdor de la corrupción. Creo que estamos ante, una situación en la que sí nosotros no lo hacemos, otro lo va ha hacerlo por nosotros. Para evitar tensiones similares a las creadas por las certificaciones en materia de narcotráfico o de elecciones, es que propongo crear éste Mecanismo anticipándonos a esas eventuales y complicadas situaciones, que a propósito o no, mantienen en un limbo normativo esas "observaciones internacionales" que lejos de ayudar, entorpecen la voluntad política estatal. Desde un ángulo funcional, los actuales índices de percepción sobre la corrupción, no dan una idea real de la magnitud del problema: ello debido, quizás, al escaso soporte científico en que se sustenta y al limitado número de encuestas, que se circunscriben al exclusivo círculo de empresarios de países desarrollados que participan en licitaciones, donde uno gana y muchos pierden. En la práctica, los gobiernos rechazan la publicación de esos índices, aduciendo que, además de ser presentados en un formato meramente comparativo, lo sienten como una imposición foránea, que poco o nada aporta a la solución del problema y menos propende a la búsqueda de oferta o de propuestas concretas. Bien por el contrario, sienten que acrecienta las dificultades, en la medida en que se manipulan los resultados para alimentar la confrontación política interna y, en muchos, casos, propician el desplome de valores bursátiles, afectando considerablemente la calificación de riesgo y en general las economías nacionales. El manejo de información sobre corrupción, tan sensible y que pone al descubierto las miserias de los países, merece extraordinaria tacto, sobre todo porque, hay que reconocerlo hasta la fecha ha habido ingentes ligerezas, que con toda razón han creado recelos y hasta resquemores que han entorpecido cualquier cooperación internacional importante. Prudentemente la mayoría pareciera inclinarse a participar de una respuesta anticorrupción que surja del consenso interestatal, dentro del marco de una organización internacional y sobre bases preestablecidas muy claras (recuérdese que el impacto de la corrupción es tal, que ya muchos comienzan a considerarla como una fuente independiente de conflictos internacionales. En ese sentido he propuesto a algunas universidades otro proyecto para adelantar ésta línea de investigación, particularmente en la Universidad de Quebec, pero también se podría reproducir en otras regiones). Es por ello que, preservando los logros, pero con el firme propósito de avanzar hacia nuevas fórumlas, y con la idea fija en el aporte de soluciones prácticas al tema de la corrupción, propongo: Un Sistema Integral Americano Anticorrupción que estaría conformado por:
Los beneficios serían inmensos. Por solo mencionar uno, me referiré a los inversionistas, quienes se sentirían más confiados al momento de seleccionar el país, sus negocios y el rubro. Los Estados por su parte podrían iniciar mejores puntuales, dando mayores seguridades en donde lo deben hacer, para captar sustanciales recursos financieros. Los organismos internacionales tendrían una base cierta para calcular el nivel de riesgo de sus posibles proyectos y orientar con mayor pertinencia sus aportes y, en fin, se conocería a ciencia cierta y sin intereses subalternos, ¿Cuál es el nivel real de la corrupción en nuestro Continente? III:- Objetivos del Proyecto IV.-Desarrollo del Proyecto V.-Lapsos de realización VI.-Qué se espera del proyecto
VII.-Sugerencia final En la próxima primavera, o sea la del 2.001, se realizará en Quebec, Canadá, la cumbre de las Américas, pienso que sería una inmejorable oportunidad para presentar al Continente una realización de este calibre.
Caracas, enero del 2.000 Francisco Nieto Guerrero
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