Bienvenidos a la Red de Información de
Cumbres de las Américas. Esperamos que la información que
aquí se provee facilite su acceso a los numerosos temas y
acciones que definen este Proceso de las Cumbres de las
Américas. Como introducción a este proceso multilateral,
les ofrecemos unas palabras sobre cómo las Cumbres han
evolucionado dentro del sistema interamericano desde el
comienzo del siglo XX, impulsando lo que hoy en día se puede
considerar una de las agendas regionales más adelantadas en
el mundo.
Introducción al Proceso de Cumbres de
las Américas
A fines del siglo XIX, durante la Primera
Conferencia Internacional Americana, los gobiernos
decidieron establecer la Oficina Comercial de las Repúblicas
Americanas, predecesora de la “Unión
Panamericana” y que luego, el año 1948, daría paso a la
Organización de los Estados Americanos. Desde esa Primera
Conferencia hasta los primeros años del siglo XXI, sucesivos
cambios y rupturas en el sistema internacional, desde las
dos guerras mundiales hasta el mundo bipolar y
posteriormente el fenómeno de la globalización,
condicionaron la ideología y la práctica del
multilateralismo en la región.
En una primera etapa, las conferencias interamericanas
impulsaron la evolución del Derecho Interamericano, a través
de la suscripción de convenciones y acuerdos en temas tan
diversos como comercio, aguas internacionales, derecho de
asilo, arbitraje, adopción de tratados sobre
principios, prácticas y procedimientos de derecho
internacional privado y público, Convención de Correos,
Convención Consular e incluso, pusieron en vigencia un
Código de Derecho Internacional Privado[1].
Esa primera fase del multilateralismo, caracterizado por
el desarrollo del Derecho Internacional Interamericano, duró
hasta los primeros años después de la Segunda Guerra
Mundial.
En una segunda etapa,
la agenda regional fue profundamente influenciada por la
confrontación ideológica de los años de la Guerra Fría y el
sistema interamericano subordinó los principios y valores
políticos de la democracia a intereses de seguridad
regional. La última
Cumbre dentro de
ese período, se llevó a cabo en Punta del Este en el año
1967. La
declaración suscrita por los
presidentes, incluyó la creación de un Mercado Común
Latinoamericano para el año 1980, así como proyectos de
cooperación multilateral en desarrollo de infraestructura,
agricultura, control de armas y educación, en el marco de la
“Alianza para el Progreso”[2].
Muchas de esas metas nunca se cumplieron, restando
credibilidad a la efectividad de las Cumbres como
instrumento de cambio y progreso en la región.
Entre 1967 y 1994
el clima político, económico y social de las Américas cambió
dramáticamente. De la desconfianza y la confrontación que
caracterizó el período de la Guerra Fría, en cuyo escenario
se dieron las Cumbres anteriores a 1994,
la región pasó a construir una nueva agenda
basada en tres consensos fundamentales: democracia, libre
mercado y la necesidad de fortalecer el multilateralismo en
la región, como respuesta al fenómeno de la globalización.
La existencia de esas referencias políticas y económicas
comunes abrieron paso a un vasto proyecto de cooperación
política e integración económica en el Hemisferio, desde
Canadá hasta Argentina
Las Cumbres de las Américas de Miami,
Santiago y Québec
Esta Primera Cumbre de Miami se originó en
una propuesta del gobierno de los Estados Unidos y las
negociaciones se hicieron al margen de la OEA, pues se
consideraba, en ese momento, que la Organización, requería
profundas reformas y una reorientación de sus objetivos
estratégicos a la luz de las nuevas condiciones del sistema
internacional.
El objetivo de reorganizar las relaciones
interamericanas adecuando su nueva agenda, contenido y
mecanismos a las nuevas condiciones políticas, económicas y
sociales del escenario mundial y regional, fue uno de los
fundamentos del proceso de Cumbres hemisféricas iniciado en
1994. El diseño de una nueva arquitectura multilateral para
construir un proyecto regional basado en acciones
multilaterales y en compromisos de reforma de políticas
públicas en sus propios países, estuvo a cargo de los
propios Jefes de Estado y de Gobierno del Hemisferio. Para
ese efecto, decidieron reunirse periódicamente y definir las
orientaciones fundamentales de una Agenda para las Américas,
edificadas sobre la base de los Planes de Acción de Miami,
Santa Cruz, Santiago y Québec.
Esa decisión de institucionalizar las
Cumbres, configuró la idea de un proceso donde se acumulan
experiencias, se forja un lenguaje común y se programan
mandatos y acciones colectivas, multilaterales y nacionales,
sistematizando las nuevas referencias teóricas y prácticas
de las relaciones hemisféricas, dando respuesta a los
problemas que afectan a la población de las Américas. Como
consecuencia de ese proceso, se impulsó la modernización y
el fortalecimiento de la institucionalidad interamericana y,
particularmente, de su principal foro político, la
Organización de los Estados Americanos.
Después de la Cumbre de Québec
En la Tercera Cumbre
de las Américas de la ciudad de Québec, la OEA fue designada
oficialmente como la Secretaría
del Proceso de Cumbres de las Américas. En ese contexto, la
OEA se hizo cargo de una agenda
regional mucho más vasta que incluye, además de los
Ministerios de Relaciones Exteriores como coordinadores de
este esfuerzo, a todos los sectores de los gobiernos de las
Américas. Hoy en día hay muchas más exigencias y una amplia
red de actividades y reuniones ministeriales y sectoriales
que cubren las más diversas áreas de nuestros gobiernos. Ese
es el más importante valor agregado que ha traído para la
OEA y para nuestros países el Proceso de Cumbres de las
Américas. Distintos temas y múltiples actores forman hoy
parte fundamental de la agenda del sistema interamericano
que incluye temas como:
democracia y derechos humanos; educación; justicia; trabajo;
gobiernos locales y descentralización; telecomunicaciones;
agricultura; equidad de género; ciencia y tecnología;
cultura; desarrollo sostenible; salud; turismo; comercio;
lucha contra el terrorismo, corrupción y drogas; defensa;
energía; finanzas; y transporte. El seguimiento de la mayor
parte de esas iniciativas de las Cumbres se realiza a través
del ministro responsable de cada tema en el país. Dichas
reuniones se originan o se han adecuado al Proceso de
Cumbres de las Américas en los últimos años.
Además, se han incorporado a este
proceso la sociedad civil, los organismos interamericanos y
el Banco Mundial, los bancos subregionales y las agencias de
cooperación. El proceso de Cumbres
ha impulsado un proceso de coordinación entre estas
instituciones del sistema, en torno a una misma agenda y
está buscando involucrar más a otros sectores de la sociedad
como son el sector privado, sectores académicos y los
medios, como parte de este esfuerzo gubernamental,
multilateral y de la sociedad civil de las Américas.
En resumen, hoy
encontramos un cambio
de percepción, en que la principal preocupación de este
proceso deben ser los individuos. La protección de derechos
civiles, la libertad de expresión, los inmigrantes,
desastres naturales, los niños afectados por la guerra, las
minas antipersonales, las amenazas del terrorismo, la droga
y las epidemias son ahora aspectos integrales del diálogo.
El proceso de Cumbres
ofrece hoy resultados concretos en campos como las drogas
donde se ha establecido una Agenda Común y un Mecanismo de
Evaluación Multilateral (MEM); en la lucha contra la
corrupción, donde se ha suscrito una Convención
Interamericana y establecido un Mecanismo de Implementación
de la misma; y en democracia con la aprobación de la Carta
Democrática Interamericana. Estos son algunos ejemplos de
la ejecución de una agenda común que avanza en medio de la
profunda crisis que afecta a la región.
Se ha actuado con
éxito en las crisis democráticas y tenemos ciertos
estándares y medios de defensa colectiva de la democracia.
Aunque no tenemos los mecanismos ideales, es justo decir que
ha habido un avance considerable respecto al pasado. Las
negociaciones del Área de Libre Comercio de las Américas
(ALCA) están en marcha y los países continúan sus esfuerzos
para la definición de la meta de establecer unas reglas de
comercio común y libre en las
Américas, las que culminarán en el 2005.
El proceso de
Cumbres a partir del 11 de septiembre de 2001
Sin embargo, una
vez que la discusión sobre la política exterior y de
seguridad de la región incorporó a la globalización como
factor clave en la transformación del mundo y cuando el
debate sobre los efectos de la globalización empezaba a
tomar cuerpo, en particular en relación con la mayor o menor
capacidad de la región para interactuar eficientemente
frente a este fenómeno, los actos terroristas en Nueva York
y Washington DC, modificaron nuevamente el escenario
regional y mundial.
En ese nuevo escenario, dos nuevas variables han cobrado
mucha fuerza en la región: por un lado la necesidad de
coordinar e instrumentalizar una lucha colectiva contra el
terrorismo y el crimen trasnacional, y por el otro encarar
las cuestiones sociales en la región, que constituyen la
raíz de los mayores problemas del Hemisferio.
Sobre el
primer aspecto, se han dado todos los pasos para asegurar
esa cooperación y se trabaja en la suscripción o
ratificación de instrumentos jurídicos internacionales e
interamericanos que garanticen su efectividad[3].
Respecto al
tema social, el
gran problema que sigue pendiente de esta agenda es el de
los recursos financieros para cumplir con muchos de los
mandatos de la agenda establecidos en el Plan de Acción de
Québec. Por eso, en lo regional es positivo el hecho que en
la Cumbre Mundial sobre Financiamiento del Desarrollo de
Naciones Unidas, realizada en Monterrey en marzo de 2002,
los líderes de los países desarrollados hayan manifestado su
voluntad de dar nuevos recursos para el desarrollo, apoyando
a los países a que avancen en procesos de construcción
institucional, transparencia y gobernabilidad responsable.
La buena noticia es que la región está
preparada para asegurar que esos nuevos recursos garanticen
la gobernabilidad democrática y los esfuerzos de
construcción institucional que aseguren a los ciudadanos
servicios públicos eficientes y transparentes; el combate a
la corrupción, el terrorismo, las drogas y el crimen
trasnacional; el impulso del Área de Libre Comercio de las
Américas; un sistema de justicia que garantice el Estado de
Derecho, la independencia y el acceso a la justicia; mayores
coberturas de escolaridad, salud pública y agua potable.
Para que esta cooperación sea efectiva, la
ecuación que muchos gobiernos proponen es que los nuevos
recursos de asistencia para el desarrollo estén vinculados
al cumplimiento de metas cuantificables y verificables en
cumplimiento de los mandatos del Plan de Acción de Québec y
de su impacto en la mejora efectiva de los estándares de
vida de la gente.
La Cumbre Extraordinaria de las Américas
La Cumbre Extraordinaria de las Américas se
llevó a cabo en Monterrey, México los días 12 y 13 de enero
de 2004. Los líderes de la región se reunieron para discutir
temas de interés y para avanzar en una agenda común para el
Hemisferio. Desde la Cumbre de Québec, una tercera parte de
los países tenían nuevos gobernantes y la región estaba
abatida por altos niveles de pobreza, bajo crecimiento
económico y existía una demanda por fortalecer la
gobernabilidad de la región. Los Jefes de Estado y de
Gobierno centraron sus discusiones en tres temas:
crecimiento económico con equidad para reducir la pobreza,
desarrollo social y gobernabilidad democrática.
Cuarta Cumbre
A partir de la finalización de la Cumbre
Extraordinaria, Argentina comenzó los preparativos para la
Cuarta Cumbre de las Américas que se llevó a cabo en
Mar del Plata el 4 y 5 de noviembre de 2006.
La República Argentina propuso como lema “Crear Trabajo
para Enfrentar la Pobreza y Fortalecer la Gobernabilidad
Democrática” el cual tuvo bastante acogida dentro de
los gobiernos así como de los otros actores vinculados a
este importante evento de las Américas tales como la
sociedad civil, el sector privado, los socios
institucionales del Grupo de Trabajo Conjunto de Cumbres, la
academia y los medios de comunicación.
Asimismo, las reuniones ministeriales
trabajaron en este tema para que la
implementación de los mandatos de la Cumbre puedan
ser adaptados dentro de los planes de acción de cada tema
específico.
Tenemos la certeza que el proceso de Cumbres
va a seguir adelantando la Agenda de las Américas. Por ello,
la Oficina del Proceso de Cumbres, respondiendo a los
mandatos encomendados a ella, está comprometida con este
esfuerzo y continuará apoyando a los países y diferentes
órganos para el cumplimiento de dicha Agenda.
Esperamos que la información que encontrará
en estas páginas sea útil para su comprensión y apreciación
del enorme trabajo y éxito que han tenido los líderes del
hemisferio al abordar los problemas regionales más difíciles
mediante grandes esfuerzos cooperativos. Estos valores
comunes y el compromiso conjunto reflejan el espíritu de las
Cumbres de las Américas.